viernes, 3 de agosto de 2007

suicidio, a veces la muerte me parece hermosa...


“matémonos”. Sí, el eco plañidero de tus palabras aun resuena en mis oídos. Mi silencio debió desconcertarte. Amor, amor de solo imaginarnos, ambos juntos hasta la eternidad, meciéndonos con la suave y lúgubre brisa de la muerte, bañados en las lágrimas de los que dejaremos en este abismo.

Y ambos, idos por siempre, evitando que las horas carcoman nuestra juventud, impidiendo que la temible rutina se avecine ante nosotros con sus cascadas de nostalgia…

te vi, yaciendo en el suelo, aferrando mi mano, sin miedo, sin nada, solo tú y tu carcasa de culpa vacía. Tus parpados, vedando al mundo del color iridiscente de tus ojos. Yo, ahora con la misma palidez invernal de tus silencios, sigo a tu lado.

En esta vida todo se rompe, todo termina por destruir o ser destruido. Liberemos nuestro espíritu, ¡que infiernos, que pecado! En la paz no hay pecado. Aferra mi mano, aferrala por siempre.

No llores, no llores, este no es un fin, es nuestro escape.

Que Dios no sea tirano y no nos devuelva a este basural en otra forma, en ese caso preferiría quedarme en compañía de su ángel negro, que me cubra con sus alas, que incendie mi cuerpo, que me otorgue la muerte de los muertos.


"espero que sea alegre la salida y espero no volver jamas" Frida Kahlo

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